Whisky (Colaboración)


Era una noche fría, sin dudas. La gente caminaba apresurada por llegar a sus casas, mis pasos eran lentos, quería sentir el aire de la noche recorrer mi piel, sabía que al menos ese momento no me lo arrebataría nadie, me proponía visitar un bar y a lo largo del camino había mucho que pensar.

Me gustaba desaparecer de vez en cuando, sentía que terminaría perdiendo la cordura si no miraba la vida con mis propios ojos; la forma en que las personas se ven, como sonríen, desde el más mínimo alarido de un animal hasta las palabras dulces de una chica. Puede que no sea la persona más indicada para una conversación abierta, pero a pesar de eso puedo llegar a ser muy observador y también un completo desconocido hasta para las personas que creen conocerme.

Atisbé un bar en la esquina, había estado en muchos pero éste… este era la primera vez que lo miraba a pesar de haber pasado siempre por ahí, no sé si se debía a mi ignorancia o por el simple hecho de que existían cosas que para mí eran invisibles hasta ese momento…

Suspire, el aire salió de mis pulmones tan rápido cuando decidí entrar; llegué a la barra, el lugar parecía estar solo, di un rápido vistazo y fue cuando me di cuenta de que no estaba solo, había unas cuantas personas. Pude observar a una chica en la esquina opuesta de la barra, en el otro extremo estaba una pareja disfrutando de un par de cervezas, los dos parecían completamente conectados, sus miradas se entrelazaban al igual que sus manos, un momento verdaderamente agradable..

En la barra el cantinero me señaló un vaso de cerveza, asentí, lo llenó completamente, se acercó, creí que de su boca saldría alguna pregunta, sin embargo no fue nada de lo que esperaba: -Parece que le interesas- dijo señalando a mis espaldas, entonces la vi, era una chica que estaba en la esquina que daba a mi izquierda, no me había percatado de su presencia, pero al parecer ella era consciente de mi. Vi sus manos y fue cuando desee haber pedido un Whisky.

Me acerque con calma llevando la cerveza en la mano, sin titubear, sabía que de sus labios podría salir una frase que sería capaz de acabar con todo, como el vestido rojo que llevaba, o sus ojos que parecían ser un tornado completamente oscuro, escondiendo lo que sería su verdadero ser. No sabía que pensar, me miraba con ternura, esmero, complejidad; trate de articular palabra pero ella me silenció con un gesto.

Tenía un whisky en sus manos, y yo una cerveza, sería un poco atrevido, pero sé que de alguna manera ella no deseaba el amargo y deseoso sabor del whisky quemando su garganta, ella deseaba mi cerveza así que intercambiamos las bebidas, el silencio era enervante, completamente increíble, sus labios parecían un misterio. En ese momento como por arte de aquel pensamiento sus labios se movieron y fue cuando mi corazón dio un vuelco total… – Despierta – dijo.

Caí al suelo, todo se volvió oscuridad pero todavía era capaz de seguir oyendo su voz en aquel lugar, “despierta… despierta…” la escuché de nuevo; abrí los ojos y pude verla de nuevo sentada junto a la ventana al lado de la barra, le pedí al cantinero un whisky y una cerveza.

Sabía qué tenía que hacer en esa noche de septiembre, con el frío sobre mis hombros y el amargo, tierno y precioso sabor representado en uno de los más preciados tesoros de la vida, una mujer.


Autor: 

Mario Trujillo 

 

Edición: 

Eliza Rocha

María Cano

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