¿Invertir en la risa?

“Nació con el supremo don de la risa
y con la sensación de que el mundo
está loco” Rafael Sabatini, Scaramouche.


Reír, ¿qué es reír? ¿Tan solo un sonido? ¿Un gesto? ¿Un movimiento? ¿Alguna vez te has detenido a pensar realmente por qué reímos?

Reír a carcajadas, hasta que no podamos respirar, hasta que lágrimas escapen de nuestros ojos es una de las mejores inversiones que podemos hacer… pero, ¿Cómo puedo invertir en la risa? parece una pregunta bastante extraña, sin embargo, ¿no invertimos en nuestras clases, trabajos, hobbies, deportes…? invertimos en ello a través del tiempo.
Tiempo, tiempo tiempo, que no alcanza, que deseáramos “estirar”, que nos estresa porque no es suficiente. Es que es son las responsabilidades, los estudios, todo, menos la risa. ¿Te has dado cuenta que a veces podés pasar hasta semanas, meses sin reír de verdad, que hasta te decís a vos mismo “tenía mucho tiempo de no reírme así”? eso sucede porque la acción de reír nos parece insignificante ¡Y cómo hemos olvidado la forma en que revitaliza!
Cuando alguien nace la risa así como el llanto se vuelven sus medios fundamentales para comunicarse con las personas que lo rodean, y todo bebé después de cuatro meses de haber nacido se da cuenta de ello, entonces podemos decir que reír también comunica un mensaje ¿felicidad? ¿satisfacción? por supuesto. La risa es como una vía de escape para toda esa tensión generada por sentimientos de ira, miedo, preocupación, angustia, entre otros. Al reírnos ayudamos a que esa tensión se vacíe. Sánchez y Insúa (2007).

Reírnos genera hormonas dentro de nuestro organismo que nos brindan ese buen humor que tanto necesitamos, es una buena forma de correr de nuestros pensamientos todo aquello que atenta contra nuestra estabilidad emocional, porque nos provee un estado de ánimo más positivo. “La risa puede servirnos para relativizar las dificultades y empezar a crear un buen estado mental que nos lleve hacia el optimismo“. Xavier Molina (Página Web: Psicología y Mente).

 

Déjenme contarles una historia…
Al volver de mi viaje que duró exactamente dos meses y medio, a pocos días de haber llegado me enfermé, aparte de eso debía reintegrarme a clases, cumplir con mi blog, regresar a mi rutina de ejercicios, en fin, ser la misma que era antes de irme, alguien con vida, llena de energías, pero… Sucedió que no me sentía de esa manera, en absoluto, en parte porque estuve enferma, pero también porque mi tiempo de recreación había acabado.
Al principio me costaba aceptar que estaba de vuelta, que el primer capítulo de mi viaje había acabado, también me incomodaba un poco la idea de no estar trabajando a como lo hacia en Manchester Center (Vermont, Estados Unidos). Me había acostumbrado a ganarme mi propio dinero y ser completamente independiente, pasé de estar a merced de la economía de mis padres a obtener ingresos por mi cuenta y decidir de qué manera utilizaría ese dinero, me sentía atada de gran manera que ya no tenía la motivación de escribir, o de hacer las cosas que solía hacer antes. Pasé preguntándome qué me pasaba, casi a todas mis amigas se los comenté y preocupada hasta a mi mamá, resignada por no escuchar respuesta me dije a mi misma “esto va a pasar” “la solución llegará pronto” y así fue, si no la hubiera encontrado no estaría escribiendo esto aquí, hoy, para ustedes.
En un viaje a Costa Rica que hice con mi generación el año pasado conocimos a Manuel Leytón, un hombre que aprendió sobre liderazgo y empoderamiento, cuando llegó al campamento donde estábamos para darnos una charla sobre la materia nos encontró en una actividad que podría clasificarse como deportiva. Consistía en dos bandos, cada uno tenía un “tesoro” que debía esconder y que el equipo contrario tenía como misión encontrar.
El juego inició y todos estábamos corriendo de un lado a otro tratando de evitar que nuestros contrincantes pasaran la línea imaginaria que definía el límite de nuestro territorio. Y ahí jugamos, como niños, no era María, o Bryan, o Kelly, o Juan, o el estudiante, o el hijo, o el vecino, o el miembro de tal movimiento; a como dijo Leytón “estaba viendo jugar a las personas” y quizá en ese momento no entendía completamente lo que quería decir, pero cuando hice trineo en Manchester o cuando me volví a reunir con mis amigas y reí con ellas hasta que me salieran lágrimas fue que estuve segura de lo que su mensaje quería transmitir.
Cuando jugamos, cuando bromeamos sanamente, cuando vemos algo gracioso y reímos, por un instante nuestro mundo como tal se detiene y solo estamos ahí en ese perfecto espacio entre el sonido que emiten nuestras cuerdas vocales y el cosquilleo en nuestro estómago debido a la risa, y le llamo perfecto porque en ese momento no existe problema, se van nuestras preocupaciones, nos sentimos felices aunque sea por un pequeño instante.
Reír nos recuerda que somos personas, que la vida no siempre va en torno a una rutina, que hay una vía de escape a los pensamientos negativos al menos por unos minutos, que hay una razón para compartir con amigos y decir cosas sin sentido por un rato.
Reír nos da energía, una muy diferente a la que el ejercicio puede darnos. La mente se despeja, las ideas se aclaran y damos espacio para que surjan nuevas.
Hoy puedo decir que después de haber tenido ese momento ameno con mis amigas me sentí mucho mejor y de pronto por la noche luego de haber ido a un panel sobre psicología, de caminar por la calle y sentir el aire sobre mi rostro, pasando sobre mi cuerpo, me siento mejor que en muchos días y me di cuenta que esto era lo que me faltaba para volver a ser yo. Para humanizarme después de haber estado lejos por muchos días necesitaba reír, reír de corazón.
Se que para muchos puede ser una ridiculez, pero para mi invertir en esos pequeños detalles puede marcar una diferencia. Invertir tiempo en reírnos hasta que duela puede ser uno de los negocios mas rentables de tu vida porque te va a “recargar las baterías” siempre. Por experiencia propia se lo que es vivir presionándote todo el tiempo, a veces dedico demasiadas horas en sobrecargarme de tareas y cumplimientos que olvido esa parte bonita y sana de recrearnos.
Alguien una vez me dijo:
Está bien no hacer nada productivo por un día, está bien estirar los pies y solo ver al techo.
O como dice mi canción favorita: “You can afford to lose a day or two”. – Vienna
La cuestión es, que es necesario reír; y por cierto, desde 1998 el primer domingo de mayo se celebra el #DíaInternacionaldelaRisa.

 


Referencias:

Alberto Sánchez Álvarez-Insúa, (2007). FREUD Y BERGSON. EL CHISTE Y LA RISA Y SU RELACIÓN CON LO SOCIAL. Recuperado de: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/84/84 

Molina Xavier. Los beneficios físicos y psicológicos de la risa. De: https://psicologiaymente.net/psicologia/beneficios-fisicos-psicologicos-risa

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